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¿ Cómo criar tórtolas ?

Caín y Abel : dos tórtolas turcas pequeñas rescatadas de una muerte segura.

Sería el mes de octubre, cuando en las tierras de Toledo comienza a formarse el rocío vespertino que humedece las jaras y la grama de sus amplias planicies.

Los erguidos árboles ya necesitaba una poda de saneo, para poder seguir ofreciéndonos su sombra y frescor cuando los primeros rayos de sol veraniego pintaran de anaranjado y amarillo el campo ya diezmado por el calor estival .

Las sierras y motosierras comienzan a rugir, cortando con precisión las ramas sobrantes de pinos, arizónicas y frutales. De repente todo queda en silencio, durante unos segundos pensé que el trabajo había terminado, pero no. Una pausa requerida, al descubrir en el suelo un maltrecho nido con ramas destartaladas cruzadas.

Sobre ese amasijo desordenado de palos, descansaban dos pequeños polluelos, que en un principio no supe identificar, si se trataba de palomas torcaces, palomas comunes o tórtolas.

Con sumo cuidado recogí a los dos pequeños pichones, lamentando haber serrado la rama que les servía de apoyo a su nido. En ese mismo momento sentí la obligación de convertirme en su cuidador. Y no cejar en la labor, de recompensar el daño infringido con cariño, alimento y cuidados a estos dos pequeños pajarillos.

Aquí comienza la historia de Caín y Abel, así bautizados por sus primeros comportamientos en cautividad.

DIA PRIMERO.

El primer reto que me planteo es si aceptaran la alimentación y como conseguirlo. Estos dos pequeños no superaban los 4 0 5 días de edad, por lo cual la dificultad de embucharlos era máxima.

Tras unos minutos en el lugar de la caída fatal, pude observar como una pareja de tórtolas turcas, se comportaba extrañamente revoloteando de aquí para allá. Con gran nerviosismo se posaban insistentemente cerca de la rama caída. Evidentemente se trataba de los progenitores de nuestros dos pequeños protagonistas.

Aunque sintiendo gran pesar por ver a esos dos padres buscar con desesperación a sus pollos. Más adelante entendí que gracias al accidente sucedido Caín y Abel tuvieron grandes oportunidades para prosperar en su futura existencia.

Estos dos pequeños llegaron a mis manos solo cubiertos por plumón amarillo y con los ojos aún cerrados.

Ya identificados rotundamente los polluelos, sabiendo que se trataba de tórtolas turcas solo quedaba proveerse de la comida necesaria para su cría. Así lo hice, me aprovisioné de semillas para granívoros, trigo, mijo y pasta de cría.

La primera ingesta suponía un gran desafío, pues no sabía exactamente como reaccionarían las pequeñas tortolitas a la cercanía de mis mano. Decidí por ello usar una jeringuilla con el fin de imitar lo que pudiera ser el pico de sus progenitores. Con un poco de habilidad para abrirles el pico todo fue bastante bien. Aquí os dejo el video para que podáis disfrutarlo.